Hasta que la muerte nos separe ... oímos todos durante la ceremonia de nuestra boda ... y nos lo creemos ... y eso nos parece eterno.
Decía un chico de veintitantos años "la eternidad qué pesado!"
Pues es lo que nos debemos plantear si queremos que nuestra relación dure casi tanto como nosotros. Una de las palabras clave es adaptación, y cada pareja observará cómo se ha ido adaptando con el paso del tiempo. No todas las relaciones se viven con pasión al principio, pero sí existe el componente de la novedad. Eso sí haya pasión o no, para que la relación perdure hay que prestar atención a la convivencia y a las relaciones sexuales.
Pasan los años, y más rápidamente de lo que queremos y, qué hacemos con nuestra sexualidad? ¿Nos queremos o sólo queda un leve rescoldo de aquellas brasas que nos encendían? ¿Disfrutamos del sexo desde el principio de nuestra relación o nunca anduvo muy bien? Sabemos que cuando la sexualidad no se comparte aparecen las diferencias, los piques, nos molestamos a la menor cosa.
Si en la sexualidad ha habido un buen acoplamiento desde el principio, puede ser que haya ido adaptándose a las nuevas necesidades y a la nueva edad de los cónyuges, y el hombre como la mujer evolucionan y cada uno tiene su ritmo. A veces la rutina aparece cuando la relación no ha crecido, no se ha modificado con los años.
Por eso es importante aceptar que con el paso de los años los dos no tienen la misma energía. Uno de los miembros de la pareja sigue teniendo una fuerte sexualidad, pero no el otro. En ocasiones piensan que ya no se desean, que ya no hay amor entre ellos. Y es que, la forma en la que se vivió la sexualidad durante toda la vida será como la van a vivir en las etapas más difíciles.
La sexualidad no acaba y si no fué una sexualidad rica, más tarde tendrán muchas carencias en sus relaciones. Será más fácil que aparezcan disfunciones en la erección o que ella finalice sus relaciones sexuales con la menopausia. Los que relegaron la sexualidad para ejercer de padres quizá tengan que recuperar el tiempo cuando los hijos crezcan.
También hay mujeres que su meta es la fecundación y cuando ya tienen el número de hijos previsto, compartir la sexualidad ya no tiene sentido, y ya no están disponibles para compartir la sexualidad con la pareja. Si no es así, con el paso del tiempo la mujer se deshinibe, y si el hombre no se ha cuidado no tendrá la vitalidad que tenía.
Ahora se vive otro erotismo que no depende tanto del cuerpo, y hay que acabar con la idea de que la sexualidad se termina, y si se vivió una sexualidad plena y activa tendrán un buen futuro juntos, pero si no se vivió así, si no hubo diálogo, si la mujer centró su sexualidad en el ejercicio de la maternidad, puede que esté muy alejada de sus sensaciones corporales, no sienta el placer o sienta vergüenza de hablar de esas cosas que no se hablaron durante tanto tiempo.
Las claves para que una pareja dure toda la vida serán, saber conversar, respetarse, hablar de sus gustos, tener actividades en común, y que sus fantasías podrán vivirlas con su pareja, desarrollar la intimidad y estar abierto a probar cosas nuevas. El diálogo se muestra como un medio destacado para manifestar lo que nos gusta o no, y contruir la sexualidad dentro de uno mismo, es decir atender a las necesidades propias con independencia de la pareja, y con la pareja.
Las parejas estáticas en las que "nunca pasa nada" son las que tienen más problemas, y cuando llega la maternidad la vida pone a prueba a la pareja porque a veces la relación se quiebra y el bache suele aparecer después. Esta es una época muy delicada para la pareja y si los seis primeros meses el hombre tiene que acompañarla ... bien, pero luego tiene que sacar a esa mujer de esa madre. Pedirla que vuelva a ser mujer. Su mujer!
Y si no se logra reanimar la convivencia es necesario acudir a un sexólogo para acoplar a la pareja en ese nuevo periodo de la convivencia.
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Firmado : Ana de Calle. Sexóloga. Especialista en Orientación y Terapia sexual y de Pareja.
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